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Cartas de Soledad. Prólogo.

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"... y caminé porque aprendí que no hay peor cosa que detenerse". Los días dejaron de ser los mismos cuando dejé de ir al parque del malecón con mi mamá a jugar a la pelota, a ver el mar y a oler el pasto humedecido de sonidos que condensaban más risas que llantos. Eran frescas tardes de verano y de cielo rojizo que parecían hechos para nuestros abrazos, para que la felicidad nos enseñe a respirar el aire del amor que nunca exhalas cuando eres niño, solo te llenas de él. Pero crecí como crece todo el mundo. Porque nadie está libre de la maldición de crecer y tener que desprenderse obligadamente de los lacitos de colores primarios que te amarran a la ternura y a la inocencia de los años que todos mueren por volver a vivir. Porque solo se vive en esos años. Luego se va muriendo. Se va exhalando. Aprendí a madurar y lo tuve que poner en práctica casi obligado buscando el destino que tiene para mí el Dios que me ama. Sugerí una escalera al cielo para facilitar el trámite de m...

Heladeeero

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Hola. Llegó el verano. Bueno ya había llegado hace unas semanas pero ahora si ya llego en serio y fuerte. Te das cuenta que llego por que quieres salir como sea del horno que antes llamabas casa, cuando te vas a bañar y te miras al espejo resulta que ya te bronceaste algo y tienes la marca del polo y del cuello, te das cuenta que la parte de arriba de tu congeladora esta a punto de colapsar, se te infecta la garganta de tanto helado que te metes, sudas con solo parpadear, te escaldas, ensucias más ropa, caminas por la sombrita aunque el camino sea más largo, las chicas salen semi desnudas a la calle, te apestan los pies, te pica la cabeza, te bañas con agua fría, estas pegajoso, te apesta el ala, te duele la cabeza, te pones gorrito, etcétera. Ahora si puedes pasar la voz a tus patas para ir a la playa, a cualquier playa, si es al sur mejor. Por que aqui abajito en Miraflores tienes que meterte con botas y luego tienes que pasarte cloro y agua oxigenada por el cuerpo. Sino te salen...

2009 razones para odiarte, 2008

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Ahora que te fuiste, 2008. Puedo decir que espero nunca más vivir un año como tu. Fuiste poco productivo y muy agresivo conmigo. Hasta he llegado a guardarte rencor. Como a nada. Solo a ti. Ciertamente solo a ti. Pareciera que fuiste hecho solo para perjudicarme. Y no solo a mi. A mucha gente. No me importa que seas bisiesto. Ese es tu problema. O sea que por que te toco ser raro te tienes que desquitar con los demás? No pe. Así no es. Bueno, también fuiste interesante. Debo aceptarlo. Muchas cosas buenas me pasaron. Pero las cosas malas pesaron tanto que lo positivo fue casi imperceptible. Jamas te olvidare 2008. Aunque quisiera hacerlo. Sé que no podre. Olvidarte sería faltarle el respeto a toda la gente increíble que conocí contigo. Y vaya que valen su peso en oro algunos de ellos. Pero, tengo que agradecerte? No verdad? He querido juntar 2009 razones por las cuales tendría que odiarte 2008. Pero no he podido. Tengo sentimientos encontrados contigo. Porqué no fuiste como el 20...

La Gran Hambre

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No nos dimos cuenta cómo sucedió. Todo pasó tan rápido. Un chifa, una pizza, cualquier cosa. Nunca pensamos en llegar a ser lo que somos. Fue una decisión en conjunto. Los comensales no tienen quién los defienda. Las casas gourmet, restaurantes y cualquier lugar donde se expenda algún tipo de alimento, siempre tienden al abuso. Los precios no son los que deberían ser y, bueno, a veces se entiende. La calidad se pone a prueba pero no siempre aprueba. Buenos, malos, desabridos, todos reciben su premio. Su veredicto. Tenemos paladar, buen gusto. Unos más que otros claro. Tenemos formas de expresarnos, de aparecer. Tenemos un propósito, lenguas, tripas. Vemos, olemos, salivamos. Son cosas que hacen los humanos ordinarios ¿no? Nosotros hacemos más, es una cuestión de flatulencias. Somos un grupo selecto. Una élite. Un mito urbano. Nosotros conocemos a todos y todos nos conocen a nosotros pero nosotros no saludamos a nadie y nadie nos saluda a nosotros. Así es como son las c...

Mi primera semana sin ti

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Hola.  Estoy bien, por si quieres saberlo. ¿Leíste mis cartas anteriores? Bueno, realmente no espero que las contestes. Si no deseas hacerlo, no lo hagas. Lo voy a entender.  De verdad. Ya pasó una semana. Qué rápido, ¿no? Me sigues enseñando cosas, como la importancia del tiempo y su velocidad. Claro que yo ya lo sabía, pero tú le das otro tipo de significado. Estos días han sido difíciles. Más que difíciles, muy complicados. Ya he dejado de estar preguntándome cosas que no entiendo, de lamentarme, de quejarme, de estar triste, de llorar. He dejado de hacer estas cosas porque simplemente a ti no te gustaría que las haga. Hoy fui a caminar por el malecón, por las horas en las que te fuiste. La vista era bellísima. El sol, el mar, los colores. Llegué al parque del faro y me senté en una banca vacía, a un lado, imaginando que tú estabas del otro y conversábamos. Qué divertido estuvo. Me hubiera gustado estar contigo en ese momento, recordando tu salida del hospital, que nun...

La encontré en el camino

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Hola otra vez. Ahora sí no sé si me escuchas o no. No hay fe que valga la intención. Ahora solo sé que no quiero saber nada. No quiero pensar en nada. En nada que no seas tú. Esta vez no pondré que no sé qué escribir. Sería mentirte y, tú sabes, no es mi estilo. Puedo escribir tantas cosas. Puedo escribir tantas palabras como gotas contadas al parpadear. Me hiciste descubrir que no soy tan fuerte como creía o, por lo menos, no en este tipo de situaciones. He llorado como un bebé. Y no recuerdo cuándo fue la última vez que lo hice. Debería haber un curso en el colegio sobre cómo enfrentar este tipo de perdidas. De qué me sirven ahora las matemáticas. De qué me sirve tener tantas cosas en la cabeza. ¿Acaso hay una fórmula para devolver la vida? ¿Alguna teoría para la resurrección? ¿Acaso hay algo así? Por qué tu. Dime. Por qué no yo. ¿Alguien donde estás podría darme la respuesta? ¿Alguien donde estás podría venir un ratito a decirme que estás bien y a darme un abra...

Te regalo una rosa

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Hola, ¿me escuchas? Yo quiero pensar que sí porque en este momento la única vía que tenemos para comunicarnos es la fe. Esa con la que movimos montañas. Me acabo de enterar de que estas más mal que bien y no sabes cómo me abarrota la pena enterarme de eso. Tú no puedes estar pasando estos malos ratos. No deberías. Te quiero, ¿sabes? Eres de las pocas personas que se han ganado mi cariño. Un trabajo difícil que tú decidiste hacerlo fácil. Solo entraste, sin tocar ni preguntar. Puedes quedarte aquí dentro el tiempo que quieras. Las veces que he ido a verte no sabía lo que iba a encontrar, estaba angustiado. Pero tu actitud me tranquilizó mucho. Te vi bien, bueno, no tan bien, pero a pesar de las heridas mostrabas una fortaleza rara en ti. Te terminé de conocer en ese momento. Esos días que estuve contigo fueron raros. No sabía qué decirte, no sabía qué pensar. Solo fui  para decirte, con mi presencia, que puedes contar conmigo en las buenas y en las malas. Eres especi...